
Para dirigirnos a Ciudad Guatemala teníamos varias posibilidades. Una era regresar a San Salvador y tomar allá un bus directo a Ciudad Guatemala. Como estábamos en Juayúa, relativamente cerca de la frontera con Guatemala, eso nos pareció una pérdida de tiempo. Entonces, intentamos otra cosa. Se nos ocurrió que a lo mejor los buses que venían de San Salvador podrían detenerse en Santa Ana. Entonces, llamamos a todas las compañías que encontramos con servicio a Guate... ninguna se detenía allá, algunas nos dijeron que sí se detenían, pero que teníamos que ir a comprar el boleto a San Salvador... ¡¡¡qué gangón!!!
La otra opción era "viajar por dentro", es decir, llegar hasta la frontera trasbordando. Al final tomamos la decisión de hacerlo así. Así que tomamos el autobús que va de Juayúa a Ahuachapán (ver mapa). Viajamos en una zona cafetalera muy parecida a Naranjo. El bus es de esos que entra a todos los pueblitos que hay en medio... así que conocimos bastante. Pasamos por uno que se llama San Felipe, en el cual vimos un mural con la figura de Romero. Había varios tipos en frente y cuando vieron que Francia sacó la cámara empezaron a tirarle besos... ¡¡¡qué poder!!!
Al salir de ese pueblo, el bus (BlueBird tipo escolar) comenzó a fallar. Luego de unos minutos nos varamos y tuvimos que esperar unos 20 minutos mientras el chofer y el cobrador reparaban el daño. Curiosamente, el chofer le había prestado un rato, en un trayecto anterior, el volante al cobrador, que por cierto puso una música sobre migrantes en Estados Unidos y que nos llamó mucho la atención.Una vez solucionado el problema, nos dirigimos a Ahuachapán, que es una ciudad bastante grande. Luego de más de una hora de viaje, el bus arribó a una especie de mercado callejero con cientos de pequeños puestos, así que los atravesamos con nuestro equipaje a cuestas.
Llegamos al Parque Central de la localidad, desde donde salen los buses hasta la frontera. Allí nos montamos en una buseta tipo Coaster con todos los cherevecos encima (el bus no tenía donde ubicar equipaje). Luego de otra hora de viaje, llegamos a la frontera por el lado de Chalchuapa, que no es la carretera Interamericana (en ese caso hubiéramos llegado a San Cristóbal).
Allí tomamos un moto-taxi para que nos pasara de lado a lado. Allí cambiamos un poco de quetzales y nos dieron por la jupa, por dicha fueron solo $20.En ese pequeño recorrido nos detuvieron dos oficiales de migración para revisar nuestros pasaportes, ya que no es necesario sellarlos si uno ya se lo han sellado en Nicaragua, Honduras o El Salvador. Así que todo resultó bastante sencillo.
Del lado chapín podíamos tomar dos posibles buses, uno iba a Jalpatagua y el otro iba a Ciudad Guatemala. El de Ciudad Guatemala era otra vez un bus BlueBird, así que lo pensamos por comodidad (sobre todo por la fama de los chapines de acomodar gente en el bus como sardinas en una lata), pero al final decidimos irnos allí. Nos sentamos en campos diferentes, ya que el bus salió medio vacío.
Nos llamó la atención que en los pueblos de esa zona había mucha gente con los ojos claros, incluido el conductor. Luego de pasar por un par de pueblos, el bus comenzó a llenarse y quedamos en campos aparte. El asiento de Francia rápidamente se copó con tres personas y a mi se me sentó una señora gorda a la par, lo cual resultó ventajoso porque nadie más se quiso sentar en el asiento. 4 horas después llegamos a Ciudad de Guatemala, entramos por una zona llena de residencias de ricos, una especie de Escazú al cuadrado. Y pensamos que cada día estamos más cerca de lo que está pasando allí.
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