Quiché no es un pueblo turístico, así que una buena parte de los servicios son bastante limitados. Un ejemplo es la comida, no son muchos los restaurantes que existen. Al parecer encontramos dos novedades, si comparamos con la visita anterior de Francia: un restaurante recién abierto ubicado al frente de Pollo Campero (menú reducido pero buena comida) y una pizzería cercana al Parque Central. También fuimos a otra Pizzería que se llamaba algo así como Argentina, pero que de argentina no tenía nada... la pizza era buena pero el lugar no se veía muy aseado.
En Quiché uno se moviliza a pie o en moto-taxis, que allá llaman Tuc Tucs, y son bastante fáciles de conseguir y casi siempre cuestan 5 quetzales para los trayectos cortos. Nos pasó que tomamos uno para un lugar que no sabíamos dónde era, resulta que estaba a 200 metros de donde estábamos, igual nos montó, igual nos cobró los 5 pesos.
La gente de Quiché es muy amable y está siempe dispuesta a ayudar. Es curioso notar cómo los mercados callejeros se arman y desarman (lo mismo sucede en Ciudad Guatemala). De repente, los lugares que estaban sucios y llenos de chinamos desaparecen y, en la noche, todo queda limpio.
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